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Argentina y el Club de París

Argentina, el Club de París y los fardos de Maruri

 

Roque San Severino

El trabajo de Maruri nunca fue fácil y una de las estampas balmasedanas era la de su recogida figura, con boina y gruesas gafas de miope, cargando con fardos de El Correo, por la mañana, y Hierro, por la tarde,  entre la estación y su quiosco. Pero la dificultad de su trabajo no radicaba, tan sólo, en el acarreo de periódicos sino, también, en que el mercado de novedades no es particularmente amplio en un pueblo en el que lo cotidiano y cercano produce, de por sí, tanto motivo de comentario, análisis y comadreo. De pocas cosas gusta tanto un balmasedano como de encontrarse con otro, en cualquier andurrial alejado del mundo, e intercambiar novedades y opiniones sobre las cosas del pueblo.  En este contexto, llenar la puchera cotidiana a costa de de asuntos que acaecen más allá de los lindes de El Berrón entraña una particular dificultad.

Esta reflexión me sobrevino con la lectura del periódico argentino La Nación donde, inadvertidamente, tanto para el lector como, sospecho, para el editor, se enlazaban tres noticias:

- La transmisión, por vía diplomática, de la incomodidad de las autoridades españolas con el trato extendido desde los poderes públicos argentinos a la empresa Aerolíneas  Argentinas, propiedad de capitales españoles.
- La financiación del proyecto de “tren bala” que uniría a Buenos Aires con Rosario y, posiblemente, Mendoza.
- Las necesidades financieras del sector público argentino, que parecen estar en la base del aumento de la recaudación que, a su vez, ha motivado las protestas del sector agrícola.

Curiosamente, el hilo conductor de esta tripleta informativa se situaba más allá del Río de la Plata, en el otrora popular barrio de Bercy, sede del Ministerio francés de Finanzas y del Club de París.  En el primer caso, el artículo periodístico señalaba la importancia de tener en cuenta, en las iniciativas gubernamentales argentinas contra empresas españolas,  la relevancia española en el Club de París, al ser el segundo o, posiblemente,  el primer tenedor de deuda argentina. En el segundo caso, se señalaba la dificultad para obtener financiación para el proyecto ferroviario sin antes regularizar la situación deudora argentina con los socios acreedores del Club de París que, a su vez, serían los financiadores de este proyecto. Por último, se recogía que dicha dificultad en el acceso a financiación externa habría estado en el origen de las mayores necesidades recaudatorias.

La relación de Argentina con el Club de París viene de lejos. Los economistas, que competimos con los peces en materia de memoria histórica, como nos evidencia el difunto Rudiger Dornbusch en su “Debts, Dollars and Deficits”, no alcanzamos a recordar que el Club de París nació en 1954 para, precisamente, reestructurar la deuda argentina. Desde entonces, el Club, una instancia informal cuya única referencia en la guía de teléfonos es un local de mala nota con el que comparte razón social, ha venido funcionando a partir de una serie de pilares operativos básicos:

1. Condicionalidad, esto es, subordinación de los procesos de reestructuración que se acuerden en el Club a un acuerdo previo de ajuste estructural suscrito entre el país deudor y el Fondo Monetario Internacional. La lógica de esta subordinación no es política sino estrictamente técnica. Las necesidades financieras de un país vienen determinadas por el cómputo de su “gap financiero”. Dicho gap se cubre a partir de la aportación de nuevos recursos por parte del FMI y el diferimiento de obligaciones de pago por parte del Club. En consecuencia, para conocer el importe que ha de renegociar, el Club ha de saber la parte del gap que cubre el Fondo y, en menor medida, otras instituciones financieras multilaterales.

2. Igualdad de trato, es decir, la existencia de un sacrificio financiero similar entre todos los grupos acreedores y aportadores de recursos en el proceso de cierre del mencionado gap financiero. Lo contrario implica que una de las partes soporta un coste superior. Es preciso tener en cuenta que el proceso de reestructuración de deuda tiene un coste para los acreedores, en la medida en que renegocian créditos asegurados por ellos, posiblemente indemnizados, pero de los que, salvo excepciones puntuales, no son propietarios. 

3. Exclusión de la deuda a corto plazo, con un vencimiento inferior al año, en la medida en que se considera que el proceso de reestructuración de deuda está concebido para hacer frente a dificultades financieras estructurales.

4. Mantenimiento de la cut-off-date. El cut-off-date es una fecha que divide el calendario financiero. Según este principio, todos los vencimientos derivados de los contratos financieros suscritos con anterioridad a la COD son susceptibles de reestructuración, aunque dichos vencimientos se produzcan después de dicha fecha, generalmente coincidente con el primer ejercicio de renegociación de deuda de un país. Por el contrario, todos los contratos financieros suscritos con posterioridad a esta COD no son susceptibles de renegociación en el Club de París.

No faltarán quienes, tras la lectura de este, forzosamente, escueto ejercicio de abstracción, señalen la existencia de excepciones a estos pilares. Ciertamente, en el caso de Cuba, Angola e Irak no hubo acuerdo previo con el FMI, simplemente porque, en el caso de Cuba, este país no era miembro del FMI. En el caso de Irak y Angola, ni siquiera llegó a haber acuerdos formales con el Club, al estar ambos países, en aquel momento, en guerra; tan solo se suscribieron unos “terms of reference” que, posteriormente, fueron aplicados por los países acreedores en una serie de acuerdos bilaterales. Más recientemente, el peso de la deuda a corto plazo en la deuda rusa y la inminencia de su liquidación hicieron impráctico un acuerdo previo con el FMI, que se verificó a posteriori, y en el caso de Indonesia, la ola de solidaridad internacional que surgió tras el tsunami aconsejo, también, esta medida. De igual manera, la superación del principio de inamovilidad de la COD responde a “estrategias de salida” aplicadas a países muy pobres y altamente endeudados, para los que el coste del servicio de la deuda supone una parte importante de sus recursos y para los que se busca la aplicación de fórmulas financieras altamente concesionales, basadas en estrategias de ayuda al desarrollo y diseñadas para la eliminación total de la deuda acumulada.

El último ejercicio de renegociación de la deuda argentina data de 1992, bajo el mandato de Cavallo, siendo el negociador argentino el Sr. Carballo. En aquel momento, tras la firma, se brindó por que aquel fuera el último ejerció de renegociación de Argentina. Pero ahora, por motivos que no resultan fáciles de comprender al otro lado del charco, las autoridades argentinas han decidido prepagar la deuda con el FMI y renunciar a cualquier facilidad financiera de este organismo, y, en consecuencia, hacer que la totalidad del coste de un hipotético ajuste recaiga, exclusivamente, sobre las espaldas del Club de París y ello en el contexto de un crecimiento de la economía argentina del 8%, un comportamiento brillante de sector exterior, un proceso de crecimiento de las reservas exteriores que, ampliamente, superan los teóricos 6.200 millones de dólares que, en principio, se plantea que sean renegociados en el Club de París.

En estas circunstancias, la solución de la particular situación argentina con respecto al Club de París condiciona definitivamente la solución de los problemas subyacentes en las tres noticias anteriormente enunciadas. Por un lado, España, como segundo o, posiblemente, primer acreedor bilateral, jugaría un papel central en cualquier  proceso de acuerdo en el marco del Club de París. Por consiguiente, la necesidad de articular una solución satisfactoria a cualquier desacuerdo económico bilateral obraría siempre en beneficio de ambas partes. En segundo, lugar resulta muy difícil que las autoridades francesas estructuren un paquete financiero de “fresh money”, aplicable al proyecto del tren bala, sin antes  hallar una solución aceptable, en el marco del Club de París, a los impagos y atrasos acumulados de la deuda argentina. No parece muy razonable ni probable que las autoridades gubernamentales francesas ordenen a COFACE el establecimiento de unas facilidades financieras extraordinarias sin, previamente, haber alcanzado algún acuerdo con el Club de París. La credibilidad y el liderazgo financiero de Francia se verían muy comprometidos.

Este planteamiento es ampliable, lógicamente, al conjunto de los financiadores bilaterales, tanto públicos como privados. Para ello, como se ha intentado explicar, el margen de maniobra del propio Club de París, es limitado. Su capacidad para eximir a Argentina de la condicionalidad derivada de un acuerdo previo con el FMI, sin la existencia de precedentes significativos, o de modificar el principio de inamovilidad de la cut-of-date, en ausencia de antecedentes relevantes, es, prácticamente, inexistente. Por consiguiente, la posibilidad de sustanciar una posible “excepcionalidad argentina” se presenta como lejana. 

Por consiguiente, parece inevitable que las autoridades argentinas articulen una estrategia financiera exterior de alcance integral, que contemple tanto activos como pasivos. Así, parecería que la citada “excepcionalidad argentina” sólo tendría cabida en el marco de una “exit strategy”, esto es, un mecanismo de liquidación ordenada del conjunto de la deuda bilateral argentina, en el que el objetivo no fuera tanto el cierre de un gap financiero, por otro lado inexistente, como la eliminación del “stock” de deuda de una manera que asegura la igualdad de trato de todos los acreedores y diese carpetazo definitivo a toda una etapa histórica de las finanzas exteriores argentinas.

Ciertamente, el papel que el Club de París desarrolla en el concierto financiero internacional no tiene parangón con el que tuvo en la década de los ochenta y primera mitad de los noventa. El alto grado de liquidez que, en el curso de los últimos años, ha caracterizado el mencionado sistema financiero internacional ha obrado en detrimento de los sistemas nacionales de financiación de exportaciones con apoyo oficial y, en consecuencia, del protagonismo del Club de París. Sin embargo, la actual crisis financiera apunta a que dicha situación de liquidez internacional puede verse seriamente limitada en un plazo de tiempo relativamente corto. En estas circunstancias, poca duda cabe albergar acerca de un nuevo protagonismo del FMI y sus facilidades financieras, de los sistemas de financiación de exportaciones con apoyo oficial y, en última instancia del Club de París. Por este motivo, no cabe considerar cualquier decisión actual de esta institución como intrascendente y sin implicaciones ulteriores, propia de una institución con un largo recorrido histórico pero escasa proyección de futuro.

El peso de los fardos de Maruri no dependía de que las noticias contenidas en los periódicos que transportaba fueran buenas o malas,  de que ganara el Athletic o de que estallara una guerra en algún lugar del mundo. Él se limitaba a acarrear los periódicos desde la estación hasta su quiosco; sin embargo, era un eslabón imprescindible para que los habitantes de la Villa conocieran lo que acontecía más allá del valle del Cadagua, una condición imprescindible e insalvable, igual que un acuerdo de Argentina con el Club de París.