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Las polémicas sobre la globalización

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- En resumen: Ocho ideas básicas sobre la globalización
- La reacción contra la globalización
- El comercio como motor del crecimiento
- El vínculo globalización-prosperidad
- Crecimiento y desigualdad
- Globalización, medio ambiente y dumping social

 

Enrique Fanjul(*)

La globalización ha generado tradicionalmente importantes polémicas. En el mundo han surgido, sobre todo en los países desarrollados, movimientos y fuerzas que se oponen a la globalización, en base a diversos argumentos.

Esta oposición a la globalización se ha incrementado de forma notable en los últimos años. El caso más destacado es el de la nueva política de Estados Unidos con el presidente Trump.

En este artículo nos proponemos discutir algunas de las principales críticas contra la globalización. Adelantamos que nuestra tesis central es que la globalización es positiva, favorece el crecimiento económico, la innovación y el bienestar, aunque puede tener efectos negativos para determinados sectores de la población. Por ello los gobiernos deben instrumentar políticas que apoyen a estos sectores.

En resumen: Ocho ideas básicas sobre la globalización

1- La globalización no es un fenómeno reciente, característico solamente de nuestra época. En el siglo XIX las relaciones económicas internacionales registraron una gran expansión. En los tiempos actuales, sin embargo, el progreso en las comunicaciones y en las tecnologías de información, así como los procesos de liberalización del comercio, han posibilitado un impulso decisivo a la globalización.

2- Tanto la teoría económica como la evidencia empírica muestran que existe una clara relación entre el comercio internacional y el crecimiento económico, aunque éste también está influido por otros factores. El seguimiento de políticas económicas adecuadas, el desarrollo de un marco institucional y legal, la estabilidad política, son también factores determinantes para el crecimiento económico

3- La evidencia empírica también muestra que el crecimiento económico reduce la pobreza de todos los grupos de población.

4- No existe en principio una relación entre el crecimiento y los niveles de desigualdad en un país.

5- Las desigualdades económicas entre países ricos y pobres han aumentado en las últimas décadas, pero ello no se ha debido a la globalización. Los países pobres que más se han abierto al exterior han tenido un crecimiento económico mayor que los que han permanecido relativamente más cerrados.

6- La globalización presenta con frecuencia unos costes de ajuste, en la medida en que ciertos sectores económicos y áreas geográficas pueden verse perjudicados por la competencia internacional. La solución a este problema no es frenar la globalización, sino instrumentar políticas de protección social a favor de esos sectores y áreas, así como políticas (de formación profesional, por ejemplo) que favorezcan su reorientación hacia nuevas actividades competitivas.

7- La globalización no está asociada obligatoriamente con políticas radicales de liberalización económica. La globalización es compatible con políticas redistributivas y de protección social tanto en el interior de los países como entre los países de la comunidad internacional. Muchos partidarios de la globalización defienden la solidaridad internacional y postulan un aumento de la Ayuda Oficial al Desarrollo que los países más ricos canalizan a los más pobres.

8- La globalización no es responsable del deterioro del medio ambiente. La globalización favorece el crecimiento y el aumento del nivel de renta. La evidencia muestra que, a medida que los países aumentan sus niveles de renta, prestan una mayor atención a la protección del medio ambiente.

 

La reacción contra la globalización

Asistimos en los últimos tiempos a un fenómeno que puede parecer insólito: el asalto contra el multilateralismo, la globalización, la liberalización de los intercambios comerciales. Regresan con fuerza posturas y políticas proteccionistas. Se produce así la paradoja de que se ataca un factor que ha sido uno de los grandes motores del crecimiento económico y el bienestar en las últimas décadas.

Deberían existir pocas dudas acerca del papel que ha desempeñado el comercio exterior, y su liberalización, como impulsor del crecimiento económico. Quizás la demostración más relevante de este papel, por su magnitud, lo tenemos en China. La transformación de China en las últimas décadas, con una tasa media de crecimiento cercana al 10% anual,constituye probablemente la mayor revolución económica de la historia de la humanidad –nunca antes un colectivo tan grande de población ha experimentado una mejora tan intensa en sus condiciones económicas de vida en un periodo de tiempo tan corto, lo que ha permitido sacar de la pobreza a muchos cientos de millones de personas. Esta revolución económica se ha basado en dos grandes ejes: la liberalización del sistema económico, con la introducción de elementos de economía de mercado; y la apertura al exterior, a las exportaciones e importaciones, las inversiones extranjeras, las inversiones chinas en el exterior, el turismo, etc.

No todo el mundo está de acuerdo con las ventajas de la globalización, como se ha puesto de relieve con la emergencia y desarrollo, ya desde hace años, de un movimiento antiglobalización, que ha protagonizado manifestaciones de gran envergadura en numerosas ciudades del mundo (en ocasiones con violencia). En la época más reciente, la nueva política proteccionista de Estados Unidos con el presidente Trump se basa también en una visión negativa de la globalización y sus efectos. Han florecido también en los últimos años en los países europeos populismos y nacionalismos de diverso tipo que tienen un sesgo antiglobalización y antieuropeísta.

¿Por qué ha surgido esta oposición a la globalización? Resulta difícil resumir en unas pocas líneas el amplio abanico de motivos que alegan los enemigos de la globalización.  Vamos a intentar identificar las principales causas:

1- En primer lugar, en los países industrializados se oponen a la globalización determinados sectores que se han visto perjudicados por la competencia que supone la apertura de los mercados a la competencia de productos de otros países. Es el caso de agricultores en ciertos países europeos, como Francia, o de trabajadores de sectores en crisis que no resultan competitivos frente a los productos procedentes de países en vías de desarrollo.

La competencia de las importaciones de los países menos desarrollados afecta sobre todo a los sectores más intensivos en mano de obra, por un lado, y a los trabajadores con un menor grado de cualificación, por otro. La competencia de los países menos desarrollados ha dado lugar a efectos negativos sobre industrias de los países industrializados en sectores como el textil, el calzado, la electrónica de consumo, etc. Ello se ha traducido en pérdidas de empleos, y en el consiguiente deterioro económico para los trabajadores afectados.

2- Se han criticado los procesos de deslocalización, por los cuales numerosas actividades productivas han sido trasladadas a otros países, en los que los costes de la mano de obra (salariales y de otro tipo) son muy inferiores. Ello ha supuesto normalmente la pérdida del empleo en los países desde los que se deslocalizaba. Muchas empresas de los países industrializados han encontrado que era ventajoso invertir en países menos desarrollados, para aprovechar las ventajas de una mano de obra barata y cuyo grado de cualificación ha mejorado sensiblemente (lo que facilita la transferencia y absorción de tecnología), y también para aprovechar las oportunidades de unos mercados en expansión. La creciente liberalización comercial registrada en las últimas décadas ha permitido, por otro lado, exportar desde estos países a los mercados internacionales.

La implicación, para los países industrializados, es que éstos deben orientarse hacia sectores o hacia las fases de las cadenas globales de valor de alto valor añadido, en los que el componente tecnológico y de conocimiento es un factor diferencial: investigación, diseño, marketing, servicios de asesoramiento y consultoría. Se trata de actividades que requieren mano de obra altamente cualificada, en donde radica la principal ventaja comparativa de los países industrializados. Este es el sentido natural en el que debe avanzar la división internacional del trabajo como consecuencia del proceso de globalización de las economías.

Cadenas globales de valor: la "curva de la sonrisa"

La denominada “curva de la sonrisa” en una cadena de valor. Las fases iniciales y finales del proceso productivo son las de mayor valor añadido. Fuente: Global Value Chain Development Report 2019.
 

3- Los beneficios de la globalización no se han distribuido de forma uniforme. Los gobiernos han minusvalorado los efectos negativos sobre los sectores que se han visto perjudicados por la competencia de productos importados. Los gobiernos hubieran debido adoptar una política más activa para compensar a los sectores desfavorecidos, para facilitar su reconversión hacia nuevos trabajos. La ausencia, o escaso alcance, de políticas redistributivas y de políticas de formación profesional que faciliten la readaptación de los trabajadores han servido para alimentar las fuerzas contrarias a la globalización.

4- En los últimos años, la inmigración ha adquirido una creciente importancia como causa del rechazo a la globalización. La llegada de inmigrantes ha generado en muchos países temores de diversa índole: económicos, porque los inmigrantes pueden competir por los puestos de trabajo; culturales, porque muchos sienten que la identidad cultural de sus países puede diluirse con la incorporación masiva de personas con religión y culturas distintas; incluso temores de seguridad, porque entre los inmigrantes pueden llegar terroristas que cometan atentados (como los que han sucedido en París, Bruselas, Barcelona).

5- Otros sectores críticos ven en la globalización un instrumento del "capitalismo mundial"para extender su "explotación"  de  los países más pobres. La globalización provoca que éstos se vuelvan aún más pobres, según este argumento. Es por tanto una causa de aumento de la pobreza y de las desigualdades a escala mundial. 

6- Una línea de crítica se basa en motivos "culturales": la globalización supone la imposición de unos patrones culturales homogéneos, destruye las particularidades de los pueblos. Es el tipo de crítica que ha empleado el dirigente antiglobalización francés José Bové, que atacaba los restaurantes McDonalds sobre la base de que ofrecen comida "basura" y de origen “extranjero”. En su opinión, la gente debería comer la comida autóctona francesa, de mucha mayor calidad y autenticidad cultural.

Detrás de este tipo de planteamientos, y sobre todo detrás de las acciones de protesta a las que lleva, se halla una filosofía dictatorial. Si los restaurantes McDonalds se han popularizado ha sido simplemente porque hay gente que quiere ir a ellos. Nadie ha pretendido obligar a nadie a comer hamburguesas en detrimento de los quesos Roquefort, las ensaladas o los crepes franceses. Pero Bové y sus seguidores sí querían impedir, a veces mediante la violencia, que la gente que quiere comer hamburguesas en un McDonalds pueda hacerlo. En resumidas cuentas, quieren impedir que la gente pueda ejercer su libertad de elección, y esto sí que se puede considerar como una actitud dictatorial.

La globalización no está necesariamente unida a políticas económicas de corte libera ly es perfectamente compatible con la adopción de políticas de tipo redistributivo, tanto dentro de los países como a nivel internacional.

Hay un amplio campo de opinión que defiende el empleo por parte de los Estados de políticas de protección social y de solidaridad. Según estos planteamientos, los gobiernos deben adoptar medidas de ayuda para aquellos sectores que se ven más negativamente afectados por la competencia internacional, tal como apuntamos más arriba.

Dos áreas de actuación son especialmente relevantes: la educación y la formación profesional, en primer lugar, con el fin de facilitar la adaptación de los trabajadores perjudicados, proporcionándoles las cualificaciones que les permitan encontrar un trabajo en sectores competitivos que tengan un futuro; y, en segundo lugar, el establecimiento de sistemas de protección social, mediante subsidios y otras ayudas, que “suavicen” el periodo de transición de estos trabajadores de sus viejos a sus nuevos empleos.

El ascenso de la globalización en el siglo XX. Fuente: Peterson Institute

El comercio como motor del crecimiento

Numerosos estudios han analizado y demostrado la correlación entre liberalización comercial y crecimiento económico. Un trabajo reciente, por ejemplo, es el de Augusto de la Torre y Alain Ize, “Latin American Economic Growth: Hopes, Disappointments, and Prospects”, recogido en un libro publicado por el think tank Inter American Dialogue. Estos autores analizan en concreto cómo ha evolucionado en las últimas décadas la convergencia de la renta per cápita de los países latinoamericanos con la renta per cápita de Estados Unidos. Su conclusión es que “existe una relación directa entre la capacidad de un país para converger con el PIB per cápita de los Estados Unidos (…) y su participación en los mercados mundiales de exportación”.

De la Torre e Ize estiman “las tasas medias anuales de cambio de la cuota de participación de cada país en las exportaciones mundiales en relación con las tasas anuales de cambio en la convergencia del ingreso per cápita. La estrecha correlación entre ambas variables (…) sugiere claramente que es improbable que la convergencia se materialice en ausencia de un desempeño vigoroso de la exportación”. 

Estos resultados son consistentes con lo que enseña la teoría económica, que establece un claro efecto positivo del comercio sobre el crecimiento económico. El comercio permite a los países en desarrollo importar bienes de equipo que son esenciales para su desarrollo económico, y que no se pueden producir en su mercado doméstico. El comercio favorece la competencia, que a su vez incentiva la eficiencia; favorece también la introducción de nuevos y más modernos métodos de gestión; y un largo etcétera de efectos positivos.

Ha habido sin embargo teorías, hasta hace no mucho tiempo, que en alguna medida cuestionaban la interrelación entre el comercio exterior y el bienestar económico. En los años sesenta y setenta del siglo pasado aún perduraban escuelas de economistas que defendían políticas de sustitución de importaciones como la vía para promover el crecimiento económico, o que interpretaban el atraso de los países del Tercer Mundo en términos de su dependencia en el comercio exterior, y en la división internacional del trabajo, respecto de los países occidentales.

En base a planteamientos nacionalistas se adoptaron políticas frente a las inversiones extranjeras que estaban más basadas en el recelo que en las ventajas que suponía la absorción de aquéllas; de ahí que se establecieran limitaciones a la participación que el capital extranjero podía tener en una empresa, que se prohibiera su presencia en numerosos sectores, etc. En este tipo de planteamientos se reflejaba una visión negativa respecto a las ventajas de integrarse en la disciplina de la competitividad internacional.

Afortunadamente, ese tipo de planteamientos fue quedando obsoleto. Se afianzó el consenso de que la competitividad internacional, la capacidad para encontrar un lugar en la división internacional del trabajo, es un requisito para promover de forma sostenida el crecimiento y el bienestar económicos.

La realidad ofrece un respaldo incontestable al vínculo entre comercio exterior y crecimiento-bienestar:

- Entre el periodo de los años sesenta y el de los ochenta del siglo XX, en Latinoamérica ejercieron una influencia considerable en la política económica las doctrinas proteccionistas del tipo que hemos mencionado más arriba, que preconizaban la sustitución de importaciones como vía hacia la industrialización. Mientras, al otro lado del Pacífico, los países de Asia adoptaban modelos de crecimiento en los que la apertura al exterior, la exportación, la integración en la economía internacional, en suma, constituían un eje central de su estrategia.

En esta diferencia de políticas radica una de las causas más importantes de la diferente evolución económica entre una y otra zona del mundo: mientras que en el periodo 1980-1990 la tasa media anual de crecimiento del PIB fue en Latinoamérica de un 1,6%, en Asia Oriental fue de un 7,8%.

- Se acepta de manera bastante generalizada que en el despegue económico experimentado por los países latinoamericanos en las décadas posteriores un factor crucial ha sido la adopción de políticas de apertura al exterior: expansión del comercio, atracción de inversiones extranjeras.

- Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la economía mundial ha crecido a una tasa anual del 4 por 100. Las barreras comerciales se han reducido alrededor de un 80-90 por 100 desde fines de los años cuarenta. Ello ha permitido que el nivel medio de vida en el mundo se haya triplicado. En gran medida, ese progreso económico se ha debido a la globalización, es decir, a la creciente integración económica internacional.

En la etapa más reciente, la globalización ha tenido una materialización importante en el desarrollo de las cadenas globales de valor, que han reforzado la integración económica entre los países. Con el desarrollo de las cadenas globales de valor, y la fragmentación de los procesos productivos en diferentes localizaciones, los bienes intermedios utilizados en un proceso productivo entran y salen de los países. Con las cadenas globales de valor, importaciones y exportaciones no son actividades independientes entre sí, sino que en una importante medida están entrelazadas. Si, por ejemplo, se dificultan las exportaciones mexicanas mediante restricciones o mayores aranceles, ello tiene consecuencias negativas sobre las exportaciones de productos estadounidenses.

Como ha señalado Gary Gereffi, Director del Global Value Chains Center de Duke University, refiriéndose a las importaciones procedentes de México en Estados Unidos, el 40% de su valor corresponde a contenido que ha sido previamente exportado a México por empresas americanas. La cadena de suministro significa que las empresas estadounidenses producen componentes que son enviados a México para ser incorporados en bienes intermedios o productos terminados, como automóviles, y luego regresan a EE. UU. “Si un arancel bloqueara la importación de esos productos mexicanos, también restringiría el mercado para las exportaciones estadounidenses a México que forman parte de esa cadena de suministro”.

Las exportaciones canadienses a Estados Unidos, añade Gereffi, incorporan un 25% de componentes que han sido previamente exportados a Canadá por empresas americanas.

Las empresas americanas se ven por tanto directamente perjudicadas por las nuevas medidas proteccionistas del presidente Trump. ¿Cómo se explica que el mundo empresarial de Estados Unidos no reaccione con más determinación frente a esta política?

Es cierto que numerosos países apenas han avanzado en su lucha por salir de la pobreza. Pero ello no es responsabilidad de la globalización, sino de otros aspectos: guerras, políticas económicas inadecuadas, defectos del  marco institucional.

La opinión pública no percibe suficientemente ese vínculo entre globalización y crecimiento-prosperidad. Al contrario, en los últimos tiempos han adquirido una gran presencia en los medios de comunicación las voces de los enemigos de la globalización, de los que culpan a ésta de la pobreza del Tercer Mundo, del deterioro del medio ambiente y de muchos otros males de nuestros días.

Los organismos internacionales, y los defensores de la globalización en general, se enfrentan al gran reto de exponer ante la opinión pública sus posturas, y contrarrestar la anómala situación de que, en muchos medios, predominen argumentos antiglobalización sustentados normalmente en bases débiles, demagógicas, o que simplemente encubren la defensa de determinados intereses.

Se echa en falta una exposición más clara ante la opinión pública de cómo el proteccionismo es uno de los mayores frenos al desarrollo de los países pobres. Un mejor acceso de sus productos a los mercados de los países industrializados sería, para muchos países pobres, el mejor instrumento para favorecer su crecimiento económico.

El que Marruecos, por ejemplo, tuviera un acceso más libre de sus productos agrícolas a los mercados europeos tendría una relevancia para su desarrollo mucho mayor que la ayuda que recibe vía los diferentes mecanismos de cooperación al desarrollo. Sin embargo, las organizaciones agrarias españolas, por ejemplo, en defensa de sus intereses, se han movilizado con frecuencia para impedir que la Unión Europea mejore las condiciones de acceso de los productos marroquíes. Y ello en medio del silencio de buena parte de los que predican la necesidad de ayudar al Tercer Mundo, mientras culpan a la globalización y al capitalismo mundial de todos sus problemas.

Hay que tener en cuenta que las manifestaciones contra la globalización son un fenómeno propio de los países industrializados. Es en París, Seattle y Praga donde se producen estas manifestaciones. En Shanghai y Nueva Dehli la gente no se manifiesta contra la globalización, ni se atacan los restaurantes McDonalds. Para los chinos, para los indios, y para los habitantes de tantos países en vías de desarrollo, las inversiones extranjeras y el comercio representan una contribución que no admite dudas para su progreso económico.

El vínculo globalización-prosperidad

Según un estudio publicado recientemente, mayores niveles de globalización se corresponden con mayores niveles de renta. Se trata del DHL Global Connectedness Index 2018, que publica DHL y elaboran dos profesores de la escuela de negocios IESE, Pankaj Ghemawat y Steven Altman.

Este Indice de Conectividad Global mide la globalización, en esta última edición de 169 economías. El Indice considera una serie de indicadores agrupados en cuatro apartados: comercio (de bienes y servicios), capital (flujos de inversión directa y de cartera), información (tráfico de Internet, llamadas telefónicas internacionales y comercio de material impreso), y personas (migraciones, turismo y estudiantes extranjeros).

En el gráfico adjunto se puede ver a los diez países que encabezan el ranking de conectividad, es decir, los más conectados o globalizados del mundo. Como puede verse, se trata en su totalidad de países desarrollados, de alto nivel de renta. Países Bajos es el líder mundial de la globalización, seguido de Singapur y Suiza.

Fuente: DHL Global Connectedness Index 2018

Basta echar un vistazo comparativo al ranking de países del mundo según su nivel de PIB per cápita, según las estadísticas del Banco Mundial para ver que globalización y prosperidad están estrechamente asociadas. De los diez países más globalizados según el estudio de DHL, ocho se encuentran en Europa occidental; con la excepción de Suiza, todos pertenecen a la UE. Todos tienen un alto nivel de renta per cápita.

Sudán del Sur es el segundo país con menor nivel de renta per cápita del mundo, según las estadísticas del Banco Mundial (el primero es Burundi). Significativamente, es también el último país en el ranking de conectividad (en el que no se recoge a Burundi).

Como se indica en el estudio de DHL, “la comparación de la conectividad global de las economías avanzadas versus las economías emergentes muestra que las primeras están mucho más conectadas que las segundas”.

Existe también una importante distorsión a la hora de valorar la intensidadde la globalización, que en la realidad es bastante menor de lo que la gente piensa.

Los estudios de Ghemawat y Altman han apuntado a un fenómeno al que quizás no se ha prestado la suficiente atención, denominado con el término “globaloney”, y que se refiere a la tendencia entre mucha gente a creer que el mundo está más globalizado de lo que realmente está.

Ghemawat y Altman han citado en sus estudios sobre conectividad una encuesta entre ciudadanos de Estados Unidos en la que se les preguntaba por la intensidad de la globalización en una serie de aspectos (por ejemplo, qué porcentaje de la población es inmigrante, o qué porcentaje del PIB representan las exportaciones). De media, los encuestados creían que los niveles de globalización eran cinco veces superiores a los que eran en la realidad.

El fenómeno no parece ser exclusivo de Estados Unidos, sino global: los autores citan otra encuesta entre estudiantes de 138 países, en los que también se refleja una sobrestimación del alcance de la globalización: de nuevo, los niveles reflejados en la encuesta son cinco veces superiores a los reales.

Las personas que sobrestiman el alcance de la globalización están más predispuestas a valorar sus aspectos negativos. Ghemawat y Altman citan un estudio del German Marshall Fund, según el cual informando simplemente a la gente de cuáles eran los niveles reales de inmigración en su país, se reducía la proporción de los que pensaban que había demasiado inmigrantes en un 30% en Europa y un 50% en Estados Unidos.

Ghemawat y Altman señalan en un artículo publicado en IESE Insight que “el nivel real de conectividad global sigue siendo una fracción de lo que se suele pensar, dato que ha de servir para corregir temores e interpretaciones erróneas (…) se suele exagerar el impacto del comercio global y los flujos de información. Ambos intercambios son significativos, pero no tanto como se tiende a pensar”.

En suma, la globalización tiene en la realidad un alcance mucho menor de lo que la gente piensa. Y los que opinan negativamente sobre los efectos de la globalización deberían tener en cuenta que los datos muestran que mayor globalización va acompañada de más prosperidad económica.

Crecimiento y desigualdad

El comercio, la globalización, favorecen el crecimiento. La cuestión que cabe plantearse a continuación es si existe una relación entre el crecimiento económico y los niveles de desigualdad dentro de un país. Mucha gente piensa que el crecimiento económico de los últimos años en muchos países en vías de desarrollo se ha producido a expensas de un aumento de las desigualdades.  La evidencia empírica no apoya esa creencia. No existe una asociación entre crecimiento y cambios en los niveles de desigualdad. El alto crecimiento económico ha ido acompañado en unos países de un aumento de la desigualdad, y en otros de una disminución.Algo parecido puede decirse de la relación entre apertura exterior y desigualdad. En algunos países que han experimentado un fuerte aumento en su grado de apertura al exterior (y también de crecimiento) la desigualdad ha aumentado: es el caso, por ejemplo, de China. En otros países, sin embargo, el aumento en el grado de apertura al exterior fue acompañado de una reducción en la desigualdad.

En líneas generales, la evidencia sugiere que el aumento en los niveles de renta de un país repercute en un aumento directamente proporcional en los niveles de renta de los más pobres. Así, por ejemplo, si en un país la renta per cápita aumenta un 5 por 100, lo más normal será que la renta per cápita de los sectores pobres aumente también un 5 por 100.

Por tanto, de lo señalado hasta ahora se puede concluir que el crecimiento económico se ve favorecido por el comercio exterior, y que en principio tiene un efecto neutro sobre los niveles de desigualdad de una sociedad.

Ahora bien, éstas son tendencias generales en las que suponemos que otros aspectos se mantienen en una posición "pasiva", pero en la realidad no es así. El crecimiento económico, por ejemplo, está influenciado no solo por el desarrollo del comercio exterior, sino por otros factores como la política económica que aplican los gobiernos, el desarrollo de las instituciones o la estabilidad sociopolítica. Lo mismo ocurre con la incidencia de la pobreza: factores como la existencia de políticas redistributivas tienen una influencia decisiva sobre la misma. Puede ocurrir, por tanto, que un país siga una senda de apertura al exterior pero su crecimiento sea bajo, debido a esos otros factores. Pero, si aislamos y “congelamos” los demás factores, el comercio exterior tiene un efecto positivo sobre el crecimiento.

Manifestaciones antiglobalización en Seattle (1999), con motivo de una cumbre de la OMC

Globalización, medio ambiente y dumping social

Una de las acusaciones más frecuentes contra la globalización es que favorece el deterioro del medio ambiente. Esta acusación no está justificada por la realidad.

Es claro que la globalización, en la medida que promueve el crecimiento económico, implica un aumento de las tendencias a la contaminación: más crecimiento y riqueza significa más transporte, más automóviles, más turistas, más viajes en avión, etc.

Si el crecimiento y el consiguiente aumento del nivel de vida provocan un aumento del parque de vehículos, por ejemplo, crecerá la contaminación producida por las emulsiones de gases. Por tanto, ésta es una crítica que en realidad no iría dirigida contra la globalización en sí misma, sino contra el crecimiento económico.

Ahora bien, es preciso hacer varias matizaciones al respecto. En primer lugar, no hay una evidencia incontestable de que el crecimiento en los países en vías de desarrollo tenga que ir acompañado de una grave degradación ambiental.

La apertura al comercio y las inversiones representa una oportunidad para que los países en desarrollo accedan a nuevas tecnologíasdesarrolladas en los países industrializados, que tienden a ser cada vez más "amistosas" hacia el medio ambiente.

Por otra parte, en los países en desarrollo, buena parte de las inversiones extranjeras se dirige a la producción de bienes destinados a la exportación a países industrializados. Los requerimientos de calidad que ello implica incentivan el uso de tecnologías avanzadas, que suelen ser más "limpias" que las viejas tecnologías.

Otro argumento de los críticos de la globalización es que la creciente competencia que implica la globalización supone un incentivo para que los países en desarrollo, en su afán por atraer inversiones extranjeras, reduzcan sus requerimientos de protección medioambiental. Es ésta una de las críticas centrales contra la globalización, y que va mucho más allá de los temas medioambientales.

Efectivamente, de forma más general se habla de dumping social. Con este término se alude a los menores costes que tiene la producción de muchos bienes en los países en desarrollo porque las medidas de protección social son menores, las exigencias medioambientales son poco estrictas, las condiciones laborales (horarios, vacaciones, etc.) son más duras o, pura y simplemente, porque los salarios son más bajos.

Pero ¿se puede decir que existe dumping porque los bienes producidos en esas condiciones son más baratos? Desde una cierta perspectiva, los precios más baratos son el resultado de que las condiciones de los sistemas económicos son distintas. Los países en desarrollo están simplemente aprovechando sus ventajas comparativas. En no pocas ocasiones, las acusaciones de dumping social son una pantalla que encubre presiones proteccionistas.

Lo anterior no quiere decir en absoluto que las cuestiones sociales o medioambientales no deban ser consideradas en el comercio internacional. Hay casos claros, como el trabajo infantil, en los que son necesarias normas de control a nivel internacional. En otros temas, menos evidentes, se trata de encontrar un punto intermedio y que tenga en cuenta las diferencias, sociales, culturales, y de nivel de desarrollo, que existen entre los países industrializados y los países en desarrollo, unas diferencias que impiden la aplicación de pautas homogéneas a todos ellos.

Por otro lado, los costes de los requerimientos medioambientales para la producción no son el factor decisivo a la hora de que las empresas de los países industrializados tomen la decisión de dónde localizar sus inversiones. Otros factores son normalmente más determinantes: costes de la mano de obra, potencial del mercado, transparencia y aplicación de las normas legales, protección de la propiedad intelectual, estabilidad política, etc.

Además, el mayor crecimiento económico suele ir acompañado de una mayor demanda en la sociedad de mejores condiciones medioambientales. Existe una estrecha correlación entre los niveles de renta y el rigor con que se aplican los criterios de protección del medio ambiente.

Volvemos así a un tema central de toda la polémica: la relación directa entre globalización y crecimiento. El crecimiento y el aumento del nivel de vida aumentan normalmente la capacidad, y la voluntad, de los países para proteger su medio ambiente.

Cabe mencionar como ejemplo el denominado "efecto California". En 1970 este Estado adoptó normas de contaminación mucho más estrictas que otros Estados. Lo que se produjo a continuación no fue una fuga de inversiones y empleos de California, sino que otros Estados comenzaron a aplicar normas similares, más estrictas. La decisión de California sirvió para desatar una "carrera hacia arriba", y ayudó a que mejoran las normas medioambientales en todo Estados Unidos.

Agosto 2019
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(*) Enrique Fanjul es Técnico Comercial y Economista del Estado. Ha sido Consejero Comercial de la embajada española en Egipto, China, Canadá y Holanda. En el sector privado ha sido director de Técnicas Reunidas Internacional y socio director de ACE-Cooperación y Proyectos. Fue presidente del Comité Empresarial Hispano-Chino. Actualmente es profesor del Master de Relaciones Internacionales de la Universidad San Pablo-CEU y Vicepresidente de Cátedra China. Perfil en Linkedin: 
https://www.linkedin.com/in/enrique-fanjul-6a8894/

 

  

 

 

 

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