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Qué es la globalización


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Enrique Fanjul (*)

- El concepto de globalización
- El ascenso de las cadenas globales de valor
- Los factores que han impulsado la globalización
- ¿Ha tocado techo la globalización?

El concepto de globalización


El mundo se halla en la era de la globalización. No existe una definición precisa, sobre la cual exista un consenso universal, acerca de lo que es la globalización. En una primera aproximación por globalización económica puede entenderse el hecho de que una parte creciente de la actividad económica en el mundo se realiza entre personas y empresas que viven en países diferentes. 
 
La globalización implica pues una situación en la que van desapareciendo las fronteras para las empresas y en general los agentes económicos, y los mercados nacionales dejan de ser la referencia básica para su actividad. 
 
La globalización es pues el proceso por el cual se hallan crecientemente integradas las economías del mundo, en particular a través del comercio y los flujos financieros, pero también a través de movimientos de personas y conocimientos. Una parte creciente del gasto en bienes y servicios se dirige hacia importaciones de otros países. Paralelamente, una parte creciente de los bienes y servicios que los países producen se exportan.
 
La globalización no es un fenómeno nuevo, específico de los tiempos actuales. Ha sido un rasgo de la evolución de la humanidad desde la antigüedad.
 
En la era moderna, la globalización registró una gran expansión a fines del siglo XIX, en especial entre los países que entonces eran más adelantados. En las primeras décadas del siglo XX la globalización sufrió un retroceso, como consecuencia en gran medida del ascenso de políticas proteccionistas. Tras la Segunda Guerra Mundial, recibió un nuevo impulso, con la adopción, en el mundo occidental, de un conjunto de políticas y organismos internacionales que favorecían el desarrollo de los intercambios económicos internacionales.    
 
La globalización ha registrado un impulso especialmente fuerte en las últimas décadas, como puede verse en el gráfico siguiente, que recoge lo que representa el comercio en relación con el PIB en el mundo, una relación que llega a superar el 60% a principios del presente siglo –frente a menos del 25% en 1960.
 

Fuente: Banco Mundial

Junto a la expansión del comercio, la globalización ha supuesto también una gran expansión de los movimientos de capital. En primer lugar, de la inversión directa extranjera (IDE). El siguiente gráfico muestra la evolución de los flujos de entrada de IDE entre 1970 y 2015, y su distribución entre diferentes zonas del mundo. La cifra de flujos totales (representada por la línea verde) crece con fuerza en ese periodo, aunque con fluctuaciones significativas. En paralelo, aumenta la participación en la recepción de IDE de los países emergentes.

Fuente: Banco Central Europeo

La globalización financiera, favorecida por las mejoras en las comunicaciones y en la tecnología, se ha reflejado también en un fuerte crecimiento de otros movimientos de capital aparte de las inversiones directas: inversiones en cartera, préstamos, etc. Los ahorradores, con el fin de aumentar la rentabilidad, diversifican de manera creciente sus carteras e incluyen activos financieros extranjeros (bonos, acciones, préstamos).
 
Una última matización: el término globalización ha sido crecientemente utilizado para referirse al crecimiento de los intercambios en general en el mundo, no sólo los de tipo económico. La globalización afecta también a la cultura (el cine, la música, etc.), la moda, la educación (ha aumentado de forma espectacular el número de estudiantes que van a estudiar a otros países), y a muchas otras manifestaciones de las actividades humanas.
 
Especialmente destacados son los movimientos de mano de obra. También de forma creciente, los trabajadores se desplazan para trabajar en otros países. Entre 1965 y 1990, por ejemplo, la parte de la mano de obra que era extranjera se incrementó en el mundo en un 50 por 100.
 
Por ello puede ser conveniente reservar el término “globalización”, sin otros adjetivos, para referirse a esta creciente interrelación en general entre los países del mundo. Para referirnos a los intercambios económicos, puede ser más conveniente hablar de “globalización económica”, o de “internacionalización de la economía”.
 

El ascenso de las cadenas globales de valor

 
El ascenso de la globalización está estrechamente relacionado con la expansión que han registrado las denominadas “cadenas globales de valor”, un resultado directo de las ventajas que supone el comercio internacional. 
 
Las cadenas globales de valor pueden ser definidas como redes de instalaciones productivas y de medios de distribución, situados en diferentes localizaciones geográficas, que tienen como objetivo la fabricación de productos integrando materiales y servicios de diferentes procedencias con el fin de distribuirlos luego a los consumidores situados también en diferentes partes del mundo.
 
Diversos factores favorecieron la fragmentación de los procesos de producción, es decir, la distribución de las diversas partes de los mismos entre diferentes localizaciones con el fin de beneficiarse de sus ventajas competitivas (de forma especial, aunque no la única, los menores costes laborales). 
 
Entre los factores que han favorecido el desarrollo de las cadenas globales de suministro se encuentran la mejora de los sistemas de transporte, la difusión de las tecnologías de información que facilitan la comunicación entre diferentes centros productivos, la reducción de barreras al comercio gracias los procesos de liberalización comercial impulsados por la OMC y por acuerdos regionales de integración, la apertura a la inversión extranjera de países emergentes (en este aspecto, China es con diferencia el caso más destacado).
 
La fragmentación de la producción supone que ésta es dividida en fases. La producción de los diferentes componentes se realiza en la localización más eficiente. Los componentes son luego enviados a una localización en la que se realiza el ensamblaje final del producto. Los productos son vendidos luego en los mercados internacionales.
 
La fragmentación, como es lógico, implica unos flujos de comercio mucho mayores que si todo el proceso productivo se realizara en la misma localización.
 
China es el ejemplo más destacado de una localización a la que muchas empresas internacionales trasladaron una parte de su proceso de producción con el fin de aprovechar sus ventajas de menores costes. De ahí que China pasara a ser denominada “la gran fábrica del mundo”.
 
Las fábricas instaladas en China recibían materiales procedentes de otros países (también incorporaban lógicamente materiales producidos localmente), los procesaban y los enviaban luego a otras instalaciones para proseguir con el proceso productivo.
 
De esta forma, según Atradius, el valor añadido de origen extranjero en las exportaciones chinas creció desde un 11% en 1995 hasta un máximo de un 36% en 2005. Un proceso similar ocurrió en ese periodo en Europa, al desplazarse una parte importante de la producción hacia los países de Europa del Este, y en Estados Unidos con un desplazamiento de actividades productivas hacia México tras el establecimiento de NAFTA.
 
Como un ejemplo de cadena global de valor, recogemos en el siguiente gráfico lo que serían la cadena global de suministros en Apple, en la que, como puede verse, participan empresas de una serie de países de varios continentes.
 

Los factores que han impulsado la globalización

 
Entre las causas que han impulsado la globalización cabe destacar las siguientes:
 
1. El respaldo político-institucional. Gobiernos, responsables de los organismos internacionales, economistas del ámbito académico, han comprendido las ventajas de la liberalización comercial y la globalización, y las han impulsado en los foros y acuerdos internacionales. 
 
Así, se han negociado importantes liberalizaciones comerciales en el seno de organismos como el GATT y su sucesor la OMC (Organización Mundial de Comercio). Grupos de países han acordado llevar a cabo procesos de integración comercial, con el propósito de eliminar las barreras comerciales entre ellos. 
 
Los responsables políticos han asumido que la globalización y la liberalización de los flujos económicos y comerciales eran positivas para el crecimiento económico y el bienestar. Este proceso hay que integrarlo en un movimiento más amplio de asunción de políticas de liberalización económica, que otorgan una primacía a las fuerzas del mercado.
 
2. Los avances en el transporte y las comunicaciones. El progreso tecnológico ha mejorado notablemente el transporte de mercancías y personas. Los avances en las comunicaciones, Internet, la digitalización, han permitido una mejora espectacular en la capacidad para transmitir información entre unos y otros países, y en la capacidad para que los diferentes agentes económicos puedan interactuar y relacionarse con mayor facilidad y menores costes.
 
3. El acceso a la tecnología. Por razones ya mencionadas (como el avance en los sistemas de transmisión de información) así como por otras (como la mejora en los niveles educativos de la mano de obra de los países del Tercer Mundo), las posibilidades de transferir tecnología han aumentado rápidamente. Con ello, ha aumentado la posibilidad para trasladar actividades productivas desde los países industrializados a los países en desarrollo, con el fin de aprovechar las ventajas productivas de las diferentes localizaciones.
 
4. La movilidad del capital. Igualmente, por aspectos mencionados en los puntos anteriores (liberalización en las regulaciones, progreso en las comunicaciones, mayor acceso a las tecnologías), el grado de internacionalización del capital ha registrado una gran expansión. Como hemos visto en el apartado anterior, los flujos de inversiones directas exteriores han registrado un crecimiento espectacular, asociado en una importante medida al desarrollo de las cadenas de valor.
 

¿Ha tocado techo la globalización?

 
Antes de la crisis, la tasa de crecimiento del comercio internacional era aproximadamente el doble que la tasa de crecimiento de la economía. En estos últimos años, sin embargo, el comercio y el PIB mundial han crecido aproximadamente a la par. En términos económicos, la elasticidad del comercio exterior respecto al crecimiento ha disminuido, y se ha situado en torno a 1. 
 
El tema está siendo objeto de debate. ¿Ha tocado techo la globalización? ¿Se está registrando una reducción estructural en el papel del comercio en la economía mundial, o se trata de un fenómeno cíclico, asociado a la crisis, y que tiene por tanto carácter temporal?
 
La desaceleración del comercio exterior en relación con el crecimiento del PIB se ha producido no solamente en los países de la eurozona y Estados Unidos, sino también en los mercados emergentes.
 
La tasa de crecimiento del comercio ha pasado de un 7% en 1992-2006 a algo menos del 3% en 2012-2014. En esta fuerte desaceleración influyen tanto a factores cíclicos como estructurales. Entre los cíclicos cabe citar los siguientes:
 
- La crisis ha afectado más a la inversión y los bienes de consumo duraderos. Se estima que el contenido de importaciones en los bienes de inversión es el doble que en los bienes de consumo. La inversión es normalmente el componente de la demanda más intensivo en comercio, ya que las empresas necesitan maquinaria especializada de la que no se dispone en el mercado local; las empresas, además, suelen estar más acostumbradas, y tienen más facilidad, para acceder a los mercados internacionales que los consumidores.
 
- La mayor incertidumbre económica asociada con la crisis ha repercutido también negativamente en el comercio. Con más incertidumbre, las empresas han reducido sus stocks y frenado sus planes de inversión. Por otra parte, la incertidumbre ha tenido también un efecto negativo sobre el crédito: las menores facilidades para acceder al crédito de los agentes económicos ha afectado también negativamente al comercio.
 
Pero en la desaceleración del comercio también han influido factores estructurales, asociados sobre todo con las cadenas globales de valor. En los años noventa y la primera década de este siglo las cadenas globales de valor experimentaron una gran expansión, como hemos visto más arriba. 
 
La expansión de las cadenas globales de valor se habría sin embargo frenado en los últimos años, sin embargo.  Las ventajas de las cadenas globales de valor, y de la fragmentación de la producción, habrían alcanzado un máximo a mediados de la década 2000-2010. La fragmentación habría entrado en una fase de rendimientos decrecientes. Ello se debe en buena medida al aumento de costes salariales en determinados países emergentes –de forma determinante en China-, que ha hecho que disminuya el incentivo para deslocalizar producción. Además, la creciente automatización de los procesos productivos ha hecho que el factor trabajo pierda relevancia en los costes de producción.
 
Algunas industrias han empezado a repatriar fases del proceso productivo que habían deslocalizado en el pasado – el fenómeno conocido como “reshoring”, frente al “offshoring” anterior. 
 
La reversión en el proceso de fragmentación de los procesos productivos se ha traducido en una disminución de la participación de los bienes intermedios en el comercio internacional. Además, en ciertos países se han aplicado políticas económicas favorables al desarrollo de las industrias domésticas, desincentivando la deslocalización a otros países.
 
Volviendo al caso de China, según el informe ya citado de Atradius, el valor añadido de origen extranjero de las exportaciones disminuyó a partir de 2005, desde el 36% en este año a un 33% en 2009 (en 1995 esta cifra era de sólo el 11%, lo que muestra el impresionante crecimiento que se registró en el periodo 1995-2005 en la participación de bienes de origen extranjero en las importaciones chinas). El porcentaje de bienes intermedios en el total de las importaciones chinas ha pasado del 60% a mitad de los años noventa a un 35% en la actualidad. Según Atradius, “la caída de la elasticidad del comercio en China de un 2,5% en 2002 a un 1% de media en los últimos años es con toda probabilidad un fenómeno permanente”.
 
Otros factores han influido negativamente sobre el comercio, como el fuerte incremento de la producción de petróleo y gas en Estados Unidos (reduciendo sus necesidades de importación), y el frenazo en los procesos de liberalización comercial tras el estancamiento de la Ronda Doha en la Organización Mundial de Comercio.
 
En suma, una combinación de factores cíclicos y estructurales están detrás de la desaceleración del comercio exterior.
 
¿Qué pasará en el futuro? Obviamente es difícil hacer pronósticos en economía, pero parece razonable pensar que podría producirse una recuperación a largo plazo de las tasas de crecimiento del comercio. Dos factores pueden ser claves en esta recuperación: el afianzamiento de un mayor crecimiento económico en el que crezca la participación de la inversión y los bienes de consumo duraderos; y el relanzamiento de los procesos de liberalización comercial, que en las actuales circunstancias debería venir de la mano de nuevos acuerdos regionales de integración. En todo caso, sobre ambos desarrollos, crecimiento económico y liberalización comercial, las incertidumbres existentes son importantes, en este segundo aspecto en especial desde la llegada de la Administración Trump.
 
En la evolución del comercio habrá diferencias apreciables entre países. Las cadenas globales de valor son más importantes en determinadas industrias (química, automóviles). Como señalan Altomonte, Zaurino y Colantone, “aquellos países que están relativamente más especializados en industrias intensivas en cadenas globales de valor (como por ejemplo Francia y Alemania), pueden esperar que la desaceleración de sus exportaciones sea menos estructural de lo que se podía haber pensado”. En estas economías, la elasticidad del comercio respecto al PIB es mayor y el comercio se recuperará con más rapidez a medida que la economía se reactive. “De la misma manera, en países en los que las cadenas globales de valor tienen un papel menor (como por ejemplo Portugal o Finlandia), cabe esperar que se experimente una desaceleración más persistente de su comercio exterior.
 
Esta recuperación del comercio difícilmente llevará a recuperar sus tasas de crecimiento anteriores. Las cadenas globales de valor se han transformado, los incentivos para la fragmentación de los procesos productivos se han reducido. 
 
La globalización no ha tocado techo, pero su crecimiento se ha moderado.
 

(*) Enrique Fanjul es Técnico Comercial y Economista del Estado. Ha sido Consejero Comercial de la embajada española en Egipto, China, Canadá y Holanda. En el sector privado ha sido director de Técnicas Reunidas Internacional y socio director de ACE-Cooperación y Proyectos. Fue presidente del Comité Empresarial Hispano-Chino. Actualmente es profesor del Master de Relaciones Internacionales de la Universidad San Pablo-CEU y Vicepresidente de Cátedra China (perfil en Linkedin: https://www.linkedin.com/in/enrique-fanjul-6a8894/).

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