La nueva importancia del comercio: del Brexit al TTIP

2016 Mayo 24
Escrito por Atrium

MundoEl hecho de que, conforme a los Tratados de la UE, la política comercial sea una competencia exclusiva de la Comisión ha tenido como consecuencia un desinterés generalizado, por parte de la población europea, en cuestiones comerciales. A diferencia de antaño, cuando motines y asonadas tuvieron su origen en aranceles y cuotas, las cuestiones comerciales ya no forman parte del habitual discurso político europeo. Sin embargo, dos circunstancias muy concretas y específicas amenazan esta tranquilidad y proyectan estas cuestiones comerciales a la primera línea del debate político del continente.

La primera de estas circunstancias es el Brexit, la posible salida del Reino Unido de la UE y, en consecuencia, del mercado común que ésta conforma, lo que implicaría que, en ausencia de cualquier acuerdo estrictamente bilateral, Gran Bretaña recupere el tratamiento de país tercero a efectos comerciales y la consiguiente reaparición de aranceles, restricciones cuantitativas y medidas de efecto equivalente sobre las importaciones provenientes de este país. Paralelamente, resulta previsible que el Gobierno británico también estructure  una nueva política comercial propia que también afectará a las importaciones provenientes de la UE residual.

No es este el lugar para debatir si esto es bueno o malo para los exportadores británicos y europeos o para los consumidores de ambas orillas del Canal de la Mancha. La pregunta de verdad es por qué una parte aparentemente importante de la sociedad británica parece dispuesta a asumir el coste implícito a esta iniciativa. La respuesta es bien simple y es que dicha porción de la sociedad británica considera que la exportación de bienes ya no es una variable económica relevante para su economía. Este planteamiento sólo puede tener fundamentarse en la idea de que la británica ya ha dejado de ser una economía exportadora de bienes, que sí estarían afectados por estas medidas restrictivas del comercio, para considerar que es, esencialmente, una economía exportadora de servicios, exentos de estas medidas de política comercial. Así, los posibles efectos de que el Reino Unido pasara a ser considerado un país tercero, desde el punto de vista de política comercial, serían intrascendentes para su economía.

Cabe una gran discusión en torno a la veracidad o falsedad de estos planteamientos y sus conclusiones, pero lo cierto es que, por primera vez en muchos años, la política comercial puede ser una variable condicionante de decisiones políticas en Europa.

La segunda instancia en que la política comercial se está convirtiendo en objeto del debate político europeo es el proyecto de acuerdo comercial entre la UE y los EE.UU conocido como TTIP. Esta situación no se limita a los países inmersos en coyuntura electoral ni es suscitado únicamente por partidos situados en los márgenes del sistema ni es privativo de uno de los dos lados del Atlántico. Por el contrario, es probable que, de aquí a las inminentes elecciones presidenciales norteamericanas, que se convierta en el principal asunto de la agenda transatlántica, impulsado por un Presidente “pato cojo” que cerraría, con este asunto, el capítulo internacional de su presidencia, repleta de claros y de sombras, de éxitos irrebatibles y de promesas incumplidas indudables.

A lo largo del período de letargo que ha experimentado la política comercial como objeto del debate político, su vacío ha sido artificiosamente cubierto por la política exterior. Así, nos encontramos con que una Comisión, con competencias más que limitadas en materia de política exterior y toda la responsabilidad en el campo de política comercial, ha pretendido negociar en nombre de sus Estados Miembros, que habían cedido su soberanía en materia de política comercial y, por el contrario, preservaban tenazmente sus competencias de política exterior.  La Comisión hace política exterior a través de la política comercial en tanto que los Estados Miembros pretenden hacer política comercial a través de su política exterior.

Pero esta simpática paradoja tiene un límite natural, que se alcanza cuando la política comercial entra, como ahora, a formar parte del debate político. Así, cabe preguntarse qué posición tiene nuestro país; es necesario conocer qué opinión tienen nuestros líderes políticos en torno a una cuestión tan relevante para nuestro bienestar económico; hay que saber cuáles van a ser las indicaciones y el mandato que van a trasladar a los negociadores de la Comisión. Esta es la naturaleza del debate político.

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